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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoIsmael Garzón. Director del Taller Escuela Mariano Moreno, de periodismo y comunicación

Vía https://www.laautenticadefensa.net - Edición del 13/mar/2010




 

En el lenguaje bíblico, la palabra vigilia se usa para cada una de las partes en las que se divide la noche (Salmos 63:6, 90:4, 119:148, Lucas 2:8, 12:38). Los judíos dividieron la noche en tres vigilias, mientras que los romanos la dividieron en cuatro vigilias.

En consecuencia, también se llamó vigilia a la acción de velar, es decir, a mantenerse despierto durante toda la noche (o parte de la noche). También se llamó así, a la acción de hacer centinela o guardia por la noche. En la antigüedad clásica, los sueños eran entendidos como revelaciones divinas o demoníacas, y podían además revelar el porvenir del sujeto que soñaba. Luego, desde Aristóteles los sueños pasaron a ser una actividad del alma, y no de los dioses. Ya desde la antigüedad, con Artemidoro, los sueños incluso podían ser interpretados, o sea transformados en un lenguaje entendible.

En mis vigilias y sueños experimento la necesidad de dar cauce a mis pensamientos, los que me permiten- lo digo humildemente- crecer con sabiduría, deambulando por los distintos tiempos de la existencia de nuestro ser y conforme al Eclesiastés, uno de los libros del Antiguo Testamento y ya en la edad provecta, rescatar el entusiasmo de los años jóvenes, para mi propio bien, compartiendo la felicidad que me brindan familiares, amigos y alumnos y el entrañable hermano pastor Marcelo Méndez, en amenas pláticas sobre el cuerpo, el alma y el espíritu, reflexionando como vivir la vida.

Luchar para vivir la vida, para sufrirla, para gozarla, como decía el genial Charles Chaplin, en citas filosóficas y profundamente humanísticas.

Entendiendo al hombre como un ser tricótomo, sus partes son material, inmaterial y suponiéndole cuerpo como una de ellas, el alma y el espíritu pasan a integrar la tricromía. Después de abrevar, en las opiniones de antropólogos y teólogos, desaparecen las dudas al interpretar que el alma como el espíritu tiene variados matices. El vocablo alma viene del latin ´anima´, ´soplo´. Señala el principio de la vida y de ahí destacamos las cualidades morales, buenas o malas: "alma noble, alma abyecta".

Desde otro ángulo nos monitorea la conciencia: "los ojos son espejo del alma"; no se ve un alma en la plaza""; "una ciudad de cien mil almas". Además, en sentido figurado y familiar, decimos: "es un alma de Dios", entendiéndola como una persona bondadosa y sencilla y cuando le preguntamos cuanto te quiere, puede caber la respuesta: "con toda el alma". El alma es la posesión individual del hombre, aquello inmaterial que lo distingue de otro.

En nuestra personal interpretación, la tercera interpretación de la tricromía es el espíritu, tomado como principio del pensamiento, ya que humanamente es capaz de bellas concepciones : "el espíritu del vino"; "el Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad; "pobre de espíritu, apocado, tímido".

El hombre es espíritu, y en cuanto tiene alma, los dos componentes inmateriales están incorporados en el cuerpo. Hasta aquí dimos rienda suelta a reflexiones desde el propio ser, relacionadas con el cuerpo, alma y espíritu.

En otro orden, según afirman conocidos y respetados maestros de la oratoria, empatía es simplemente establecer un ´empate´ entre criterios, ideas y formas de opinión sobre distintos temas de interés general. El pedagogo y filósofo Guillermo Jaim Etcheverry y el escritor Jorge L. Borges coinciden en la recordación del personaje Hamlet, de una de las obras de William Shakespeare, quien sentenció, al morir: "El resto es silencio..." ¿Se puede agregar algo después de la última palabra?

Y Jaim Etcheverry acota: "Tal vez nos aferramos al ruido porque el silencio nos recuerda nuestra mortalidad, como anticipo del silencio eterno que nos aguarda".

Los cristianos saben de otra vida en la eternidad, junto al supremo creador. Como colofón recordemos al Eclesiastés: "Todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer y tiempo demorar. Tiempo de llorar y tiempo de reír. Tiempo de amar y tiempo de aborrecer. Tiempo de guerra y tiempo de paz".

No hay cosa mejor que el hombre se alegre con su trabajo. Yo soy feliz con el mío, porqué con la palabra confraternizo con todos los seres que me rodean y como el pan, podemos compartir las buenas enseñanzas que la palabra nos inspira.

El autor es periodista y escritor, director del Taller Escuela Mariano Moreno (TEMM), de Periodismo y Comunicación.


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